Liébana no
es una comarca que disponga de muchas actividades, ni de entornos,
para el esparcimiento de sus pobladores. Desde siempre y ahora,
debido a los medios de locomoción mucho más acentuado,
tuvo su punto de confluencia en la villa de Potes. Allí se
aglutinan prácticamente todos los espectáculos y festejos
de esta región. Pero, así todo, todavía quedan
algunos restos para los desperdigados y numerosos pueblos que la
constituyen. Y entre estos restos vamos a señalar a tres:
los bolos, la caza y otro deporte muy sano como es el darle al zapato.
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El juego de los bolos fue siempre
el deporte más representativo de los que se practicaban
en Liébana. Está tan arraigado que raro es el pueblo
que no disponga, o haya dispuesto, de su bolera, o boleras.
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El
hombre, en la mayoría de los casos para poder subsistir,
tuvo que recurrir a la caza para satisfacer unas necesidades tan
perentorias como el derecho a subsistir. Desde siempre, la caza
ha sido una actividad unida a la vida de los pueblos; y lo que en
su día fue una necesidad, se convirtió en un deporte
y una expansión para evadirse de los agobios y quehaceres
cotidianos. |
El
valle de Bedoya, como toda Liébana, ofrece al visitante innumerables
lugares para poder visitar, deleitándose con las singulares
panorámicas que la naturaleza le ofrece. |