No hace aún muchos años era muy corriente en primavera ver las cabañas de tudancas, procedentes de Lamasón, cruzar los pueblos y valles lebaniegos hasta tierras castellanas y leonesas para pastar en sus puertos. Al otoño hacían el recorrido a la inversa. El valle de Bedoya era paso obligado.
Imágenes de vacas tudancas pastando en el valle de Bedoya. (Año 1.988)
La vaca tudanca es una
raza autóctona de Cantabria con unas características muy
particulares que trataré de enumerar y detallar en ésta
página.
“Ágil,
fuerte, sobria y resistente”, así sintetizaba el gran
escritor cántabro José María Cosío a la
vaca tudanca. Personalmente, a éstos apelativos yo le añadiría
éstos otros: "Inteligente, dócil, noble, mansa,
elegante, avispada y lista donde las haya". Se adapta perfectamente
a toda clase de orografías y climatologías y aunque, por
lo general, no es un animal generoso en cuanto a la producción
de leche, tampoco es corpulento en demasía, sin embargo sus carnes
son muy apreciadas y tiene unas cualidades innatas para realizar las
actividades propias de la labranza, como son las de tiro y arrastre.
Sí, lo más
relevante de esta raza es su fuerza. Parece difícil de entender
que un animal no muy grande, pueda tener los arrestos, el empuje y el
brío de la vaca tudanca. Aún no están muy lejos
los años en que las tareas agrícolas se efectuaban con
el apoyo de estos animales. La “pareja” de tudancas tirando
del carro, de carretas, arrastrando madera, piedras… o surcando
la tierra, era una imagen muy común en los pueblos de Cantabria.
Es una pena que estas tareas ya no necesiten de su contribución
y mayor desolación es que esto conlleva la extinción de
la raza, y con ello desaparece también uno de los mayores símbolos
de la identidad cántabra, como es la vaca tudanca. En la actualidad,
Cantabria cuenta con 13.000 animales de ésta especie.
Su
fisonomía se completa con el color característico de su
piel. El toro es completamente negro, con una insinuante franja blanquecina
a lo largo de su lomo. La vaca es apardada con diversas tonalidades.
Lo más significativo de ella son sus cuernos, o astas, de color
blanco con las puntas negras, y de múltiples figuras y formas,
por lo general largos y curvos.
Para su descripción
se fijaban principalmente en dos características: el color del
pelo y en la forma de las astas. No es extraño escuchar a los
ganaderos decir, refiriéndose a la vaca tudanca:
“Tiene el pelo
tasugo y las astas grandes”
“Es color avellana, abierta de cabeza”
“Tiene un color claro, con llaves (cuernos) largas y curvas”
“Es colorada con astas aceradas”
“Las astas las tiene bien puestas”
“Es tasuga, hosca, con las astas cerradas”
“Avellana, con astas repicadas”
“Colorada, hosca, algo resillona”
“Hosca, con la oreja derecha hendida”….
A la hora de elegirles
el nombre, se mira en primer lugar los nombres de las vacas antepasadas;
es muy corriente en cada explotación que los nombres se vayan
repitiendo, pero a la hora de elegirlo se fijan también en las
características físicas, como la forma de sus astas, el
color de la piel, la procedencia de la madre…., de todos modos
hay nombres de lo más variopinto, con todos los colores y para
todos los gustos. Así nos encontramos que hay vacas con nombre
de:
Mi agradecimiento a todos
los que contribuyeron para que éstas vacas tudancas puedan ser
presentadas en ésta página, con mención especial
a: Gabriel Conde, Miguel Angel Prieto, Miguel Junquera, Aitor Cantero
y Mito. Este último de la Asociación de Ganado vacuno de
raza tudanca en la finca de la Prada (Cillorigo de Liébana).