Cancionero de las Montañas de Liébana II

Cancionero · 3 de noviembre de 2026

Canciones de baile y ronda de Salarzón y canciones de boda «de la polla», del valle de Bedoya, recogidas en el «Cancionero de las Montañas de Liébana» (1999) de José Manuel Pedrosa.

Abordamos en esta ocasión, como en la primera parte, lo referente al valle de Bedoya en el Cancionero de las Montañas de Liébana (Cantabria), que publicaría D. José Manuel Pedrosa en 1999. De entre sus canciones, y por su singularidad, reproducimos aquí las siguientes.

Joven sonriente con traje típico y pandereta, en una fotografía antigua en sepia
Joven de Bedoya con traje típico y la pandereta a mediados del siglo XX. Fotografía del archivo familiar.

Canciones de baile y ronda de Salarzón

Aunque me dieran tus padres
la mula y el carretón,
no me casaría contigo
por tu mala condición.

Aunque me dieran tus padres
la mula y el buey cojo,
no me casaría contigo
porque eres tuerto de un ojo.

¿Cómo quieres que te quiera,
si me están a mí queriendo
dos ojos como dos soles
que por mí se están muriendo?

El día que yo nací,
nacieron tres cosas buenas:
nació la luna y el sol
y nacieron las estrellas.

El día que yo nací,
toda la hermosura estaba
repartida por el mundo
y a mí no me tocó nada.

¡Qué colorada la guinda,
qué fina tiene la hoja,
qué traidores son los hombres
que tienen la barba roja!

No te enamores, niña,
de aquel que tiene
una peseta en perras
para que suenen.

Te anduviste alabando
que me diste calabazas,
pero no te alabaras,
que las comiste en mi casa.

Calabazas en enero,
calabazas en San Juan,
calabazas a los mozos
en cualquier tiempo se dan.

Me diste las calabazas,
me las comí con vinagre;
más quiero las calabazas
que ser nuera de tu madre.

Las calabazas de mayo
dicen que son tempranas,
y yo se las di a mi novia
en abril una mañana.

Cuando vamos a rondar
a las mozas de San Pedro,
a veces nos miran bien
y otras veces con desprecio.

La mañana de San Juan
le voy a poner el ramo
a mi novia en la ventana
por lo mucho que la amo.

Y si por San Juan no puedo
y no me toman mal,
se lo pondré por San Pedro,
como costumbre que hay.

Mocito, si vas de ronda
lleva la chaqueta grande,
que si te dan calabazas
en la chica no te caben.

Anteanoche caí
a la puerta de mi novia;
ella me dijo desde dentro:
—Parece el traje de ronda.

Al pasar por tu ventana,
me entró sueño y me dormí,
y me despertaron los gallos
al son del quiquiriquí.

Al pasar por tu ventana,
la burra se emparó;
quién le habrá dicho a la burra
que nos queremos tú y yo.

Anoche pelé la pava
tres horas en un portal,
pensando que era una moza
y era un tronco de nogal.

Cuando paso por tu puerta
paro la burra y escucho,
y oigo decir a tu madre
que eres tonta y comes mucho.

Me casé con una tonta
por dar gusto a mis parientes;
los parientes en su casa
y yo con la tonta siempre.

«Canciones dichas por la señora Aquilina Blanco, nacida en Salarzón, anotadas en un cuaderno por Marina Galnares Lamadrid (Luriezo)».

Pareja vestida con traje tradicional a lomos de un caballo, con peñas calizas al fondo, en una fotografía antigua en blanco y negro
Fotografía cortesía de Dª María Dolores Gutiérrez Cuevas.

Canciones de boda

En muchos pueblos de Liébana, la celebración de las bodas se acompañaba de canciones tomadas de un fondo tradicional común e improvisadas según las circunstancias y protagonistas de cada boda.

Enorme interés etnográfico y literario tiene la costumbre y las canciones «de la polla», es decir, la gallina joven que los mozos o las amigas regalaban a la novia y que se convertía en objeto de discusión, chanza y «canto a desafío» entre mozos —que normalmente cantaban desde la calle— y mozas —que les respondían desde la casa de la novia—.

El que aquí se acompaña fue aportado por Eduardo García, de Esanos, y por Marina Galnares Lamadrid, de Luriezo.

Aquí estamos a la puerta
las tus amigas leales
a darte la enhorabuena
por las buenas amistades.

A los padres y padrinos
y al sacerdote cantando,
les damos la enhorabuena
y lo mismo que a tus hermanos.

Al tomar agua bendita,
despídete, compañera,
primera vez de casada
y última de soltera.

Esta polla que traemos
puso un huevo en un pajar:
cuatro parejas de bueyes
no le fueron de arrastrar.

Esta polla que traemos
puso un huevo en el tejado;
cuatro hombres con palancas
no fueron de echarle abajo.

Mira, niña, tu tejado
y tus encarnadas tejas,
cómo se quedan llorando
porque te vas y las dejas.

Publicado en noviembre de 2026

‹ Volver al inicio