Cancionero del Valle de Bedoya (Parte I)

Cancionero · 22 de octubre de 2026

Primera parte de las canciones y romances del valle de Bedoya recogidos en «Canciones y romances de Liébana» (2000): coplas, tonadas de ronda y romances.

El libro Canciones y romances de Liébana, recopilación etnomusicológica, un texto del año 2000 de Antonio Gamaza Vázquez, editado por la Universidad de Cantabria, que por su valor documental queremos mostraros.

Se recogen numerosas canciones tradicionales de Liébana, en un trabajo realizado en colaboración con la escuela taller de Potes y con varios informantes lebaniegos.

Siendo informantes del valle de Bedoya: Dª Marina y Dª Sabina Cuevas.

Unas piezas que, dada su singularidad y con el ánimo de preservar el folclore propio, que no queremos que se pierda, aquí se recogen.

Cancionero del Valle de Bedoya

Copla: Picadillos del mozo y moza

Oye tú mozo bizarro
lo que te voy a explicar,
esas cuentas que tú sabes
las tenemos que arreglar.

Tú dirás qué cuentas son
las que has de arreglar conmigo,
porque no recuerdo yo
darte ningún motivo.

Tú crees no me acuerdo
de aquellas ciertas cositas,
que hablabas el otro día
con aquellas dos mocitas.
Qué celoso me saliste,
si con las mozas hablé
fue por divertir el tiempo,
pero de ti nada fue.

Tú pretendes engañarme
con tu cara de estudiante,
vete de aquí sinvergüenza
por embustero y tunante.

Oye tu burra sin rabo
que has llegado a pensar,
piensa mucho en lo que dices
pues yo te he enseñado a hablar.

Oye caldero sin culo
barriga de pandereta,
narices de moro viudo
mis piernas son muy derechas.

Son derechas como un arco
cara de liendre cocida.
Aquí termina la lucha
de estos dos enamorados,
que después de tanta lucha
por fin salieron casados.

Coplas o tonadas de ronda

Las tonadas de ronda suelen estar formadas por cuatro versos. Las componían los mozos para llamar la atención de las mozas, o de alguna moza en particular. Iban por las callejas del pueblo, a veces en grupo y otras en solitario, parando en los balcones donde se encontraban las mozas en edad de cortejar, y allí entonaban los versos, algunos preparados, y otros improvisados según fuera la respuesta de ésta.

Las tonadas de ronda podían llevar acompañamiento musical; otras, solo la voz.

Al pasar por tu ventana, San Pedro de Bedoya.

Al pasar por tu ventana
me entró un sueño y me dormí,
me despertaron los gallos
al son de gri gri gri.

Al pasar por tu ventana
la burra se me paró,
quién le habrá dicho a la burra
que nos amamos tú y yo.

Cuando paso por tu puerta
paro la burra y escucho,
y oigo decir a tu madre
que eres tonta y comes mucho.

Me casé con una tonta
por dar gusto a los parientes,
los parientes en su casa
y yo con la tonta siempre.

Romances

Del romance podemos decir que es la poesía popular tradicional; en cuanto a su forma, consiste en repetir una misma asonancia en los versos pares, libres los impares. Los aquí recogidos se corresponden con los romances novelescos y caballerescos, que a partir del siglo XVIII fueron recitados por los ciegos; no obstante, sobre ellos cabe decir que por lo general se ignora la fecha de su composición.

Mozos con guitarra y bandurria en una fotografía antigua

Melodía: Si los casáis sin amores

Partitura de la melodía de «Si los casáis sin amores»

SI LOS CASÁIS SIN AMORES

En-un-pue-blo-de-Ma-a-drid---,
Un-ma-tri-mo-nio-vi-ví-a---
u-na-hi-ja-so-la-men-te---
es-tos-an-cia-nos-te-ní-an---.

Esta hija tenía un novio
llamado Pedro Galeno,
de quien era veladora
pues era un chico muy bueno.
Los padres de Maribel,
a quien Pedro no hizo gracia,
porque la querían casar
con un sobrino de casa.
El 25 de julio
la preparan pa la boda,
y al otro día siguiente
ya está ahí la gente toda.
Ella se fue a confesar,
luego se vistió de gala,
y al ver a su primo allí
queda como horrorizada.
Voy a bailar al jardín
ella dijo a la gente,
y tirándose a un pozo
allí recibió la muerte.
La gente al ver que tardaba
todos al jardín bajaron,
y al verla muerta en el pozo
quedan como horrorizados.
Ya la sacan del pozo
para meterla en la caja,
y en el bolsillo traía
una tristísima carta:
Te juro, Pedro, te juro
te juro, Pedro, ante Dios,
que a ti solo te quería
con todo mi corazón.
Pedro lo estaba oyendo
gime y llora como un niño,
creyendo ser el culpable
de aquel grande suicidio.
La boda se volvió entierro,
toda la gente lloraba,
y a los padres de la novia
toda la culpa les echaban.
Padres, los que tengáis hijos,
darles consejos prudentes,
si los casáis sin amores
podéis causar la muerte.

A hierro muere. San Pedro de Bedoya

En un pueblo de Valencia
un matrimonio vivía,
una hija solamente
estos pastores tenían.
La niña era una diosa
encanto de aquel hogar,
una cosa primorosa
en belleza angelical.
Cuidaba de sus ovejas,
cuando una mano traidora,
fuertemente le apretaba
en el cuello a la pastora,
diciendo qué guapa eres,
si gritas peor para ti
y si dices que no me quieres
yo no respondo de mí.
Al no poder entregarte
tú no darás mucha guerra,
pues viva te he de enterrar
abriendo un hoyo en la tierra.
Esta linda criatura
dice no me he de entregar,
no doy honra ni hermosura
a ningún criminal.
Si muero, muero gustosa
pero no entrego mi honor,
en defensa de otra rosa
saldrá Dios nuestro señor.
Por el suelo la han tirado
han hecho mil herejías,
y el cabello la han cortado
y ella llorando decía:
no hacerme tanto sufrir
cobardes sois y malvados
antes prefiero morir.
La muchacha ha contestado
la han dado de puñaladas,
a un barranco le han tirado
aquellas almas traidoras.
Con un saco la han tapado
y como malos cristianos,
con bárbaro cinismo,
a casa de los ancianos
avisaron ellos mismos.
Virgen santísima, madre,
así decían los pastores,
haz que aparezcan, mi padre,
a quienes sean autores,
y si el encuentro es nulo
yo te pido, madre mía,
que no se salve ninguno
que han muerto una hija mía.
Una mañana un chiquillo
a casa del juez llegó,
este bello pastorcillo
sobre la puerta llamó,
la criada le responde
y el niño miró con fe,
quiero hablar al señor juez.
Yo quiero que sepa usía
exijo de igual pasar,
que el crimen del otro día
que tanto dio que hablar.
Yo vi, señor juez, cogerla
yo vi, señor juez, tirarla,
la vi defenderse a ella
y la vi, señor juez, matarla.
Por el barranco rodar la vi
y el rostro me tapé,
como el crimen llegar
y cubrirla con un saco.
¿Y tú sabes, dijo el juez,
dónde se pueden encontrar?
Señor juez, se pueden ver
dentro de una cueva están.
Sobre el sitio señalado
dieron con los criminales,
y fuertemente atados
fueron estos criminales.
Los amarran con cadenas
y los llevan a la cárcel,
los pasan por una finca
donde no les ve nadie.
No es broma lo que se canta,
se dice y se refiere,
pues todo el que a hierro mata
ya sabe que a hierro muere.

Publicado en octubre de 2026

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