Cancionero del Valle de Bedoya

Cancionero · 1 de febrero de 2026

Canciones y romances tradicionales recogidos en el Valle de Bedoya (de «Canciones y romances de Liébana», 2000).

El libro Canciones y romances de Liébana, recopilación etnomusicológica, un texto de 2000 de Antonio Gamaza Vázquez, editado por la Universidad de Cantabria, que por su valor documental queremos mostraros.

Se recogen numerosas canciones tradicionales de Liébana, en un trabajo realizado en colaboración con la escuela taller de Potes y con varios informantes lebaniegos.

Siendo informantes del valle de Bedoya Dª Marina y Dª Sabina Cuevas.

Unas piezas que, dada su singularidad y con el ánimo de preservar el folclore propio, se acompañan.

Cancionero del Valle de Bedoya

Copla: Picadillos del mozo y moza

Oye tú mozo bizarro
lo que te voy a explicar,
esas cuentas que tú sabes
las tenemos que arreglar.

Tú dirás qué cuentas son
las que has de arreglar conmigo,
porque no recuerdo yo
darte ningún motivo.

Tú crees no me acuerdo
de aquellas ciertas cositas,
que hablabas el otro día
con aquellas dos mocitas.
Qué celoso me saliste,
si con las mozas hablé
fue por divertir el tiempo,
pero de ti nada fue.

Tú pretendes engañarme
con tu cara de estudiante,
vete de aquí sinvergüenza
por embustero y tunante.

Oye tu burra sin rabo
que has llegado a pensar,
piensa mucho en lo que dices
pues yo te he enseñado a hablar.

Oye caldero sin culo
barriga de pandereta,
narices de moro viudo
mis piernas son muy derechas.

Son derechas como un arco
cara de liendre cocida.
Aquí termina la lucha
de estos dos enamorados,
que después de tanta lucha
por fin salieron casados.

Coplas o tonadas de ronda

Las tonadas de ronda suelen estar formadas por cuatro versos. Las componían los mozos para llamar la atención de las mozas, o de alguna moza en particular. Iban por las callejas del pueblo, a veces en grupo y otras en solitario, parando en los balcones donde se encontraban las mozas en edad de cortejar, y allí entonaban los versos, algunos preparados, y otros improvisados según fuera la respuesta de ésta.

Las tonadas de ronda no llevaban acompañamiento alguno, solo la voz.

Al pasar por tu ventana, San Pedro de Bedoya.

Al pasar por tu ventana
me entró un sueño y me dormí,
me despertaron los gallos
al son de gri gri gri.

Al pasar por tu ventana
la burra se me paró,
quién le habrá dicho a la burra
que nos amamos tú y yo.

Cuando paso por tu puerta
paro la burra y escucho,
y oigo decir a tu madre
que eres tonta y comes mucho.

Me casé con una tonta
por dar gusto a los parientes,
los parientes en su casa
y yo con la tonta siempre.

Romances

Del romance podemos decir que es la poesía popular tradicional; en cuanto a su forma, consiste en repetir una misma asonancia en los versos pares, libres los impares. Los aquí recogidos se corresponden con los romances novelescos y caballerescos, que a partir del siglo XVIII fueron recitados por los ciegos; no obstante, sobre ellos cabe decir que por lo general se ignora la fecha de su composición.

Melodía: Si los casáis sin amores

Melodía: Si los casáis sin amores

Si los casáis sin amores

SI LOS CASÁIS SIN AMORES

En-un-pue-blo-de-Ma-a-drid---,
Un-ma-tri-mo-nio-vi-ví-a---
u-na-hi-ja-so-la-men-te---
es-tos-an-cia-nos-te-ní-an---.

Esta hija tenía un novio
llamado Pedro Galeno,
de quien era veladora
pues era un chico muy bueno.
Los padres de Maribel,
a quien Pedro no hizo gracia,
porque la querían casar
con un sobrino de casa.
El 25 de julio
la preparan pa'la boda,
y al otro día siguiente
ya está ahí la gente toda.
Ella se fue a confesar, luego se vistió de gala,
y al ver a su primo allí
queda como horrorizada.
Voy a bailar al jardín
ella dijo a la gente,
y tirándose a un pozo
allí recibió la muerte.
La gente al ver que tardaba
todos al jardín bajaron,
y al verla muerta en el pozo
quedan como horrorizados.
Ya la sacan del pozo
para meterla en la caja,
y en el bolsillo traía
una tristísima carta:
Te juro, Pedro, te juro
te juro, Pedro, ante Dios,
que a ti solo te quería
con todo mi corazón.
Pedro lo estaba oyendo
gime y llora como un niño,
creyendo ser el culpable
de aquel grande suicidio.
La boda se volvió entierro, toda la gente lloraba,
y a los padres de la novia
toda la culpa les echaban.
Padres, los que tengáis hijos,
darles consejos prudentes,
si los casáis sin amores
podéis causar la muerte.

A hierro muere. San Pedro de Bedoya

En un pueblo de Valencia
un matrimonio vivía,
una hija solamente
estos pastores tenían.
La niña era una diosa
encanto de aquel hogar,
una cosa primorosa
en belleza angelical.
Cuidaba de sus ovejas,
cuando una mano traidora,
fuertemente le apretaba
en el cuello a la pastora,
diciendo qué guapa eres,
si gritas peor para ti
y si dices que no me quieres
yo no respondo de mí.
Al no poder entregarte
tú no darás mucha guerra,
pues viva te he de enterrar
abriendo un hoyo en la tierra.
Esta linda criatura
dice no me he de entregar,
no doy honra ni hermosura
a ningún criminal.
Si muero, muero gustosa
pero no entrego mi honor,
en defensa de otra rosa
saldrá Dios nuestro señor.
Por el suelo la han tirado
han hecho mil herejías,
y el cabello la han cortado
y ella llorando decía:
no hacerme tanto sufrir
cobardes sois y malvados
antes prefiero morir.
La muchacha ha contestado
la han dado de puñaladas,
a un barranco le han tirado
aquellas almas traidoras.
Con un saco la han tapado
y como malos cristianos,
con bárbaro cinismo,
a casa de los ancianos
avisaron ellos mismos.
Virgen santísima, madre,
así decían los pastores,
haz que aparezcan, mi padre,
a quienes sean autores,
y si el encuentro es nulo
yo te pido, madre mía,
que no se salve ninguno
que han muerto una hija mía.
Una mañana un chiquillo
a casa del juez llegó,
este bello pastorcillo
sobre la puerta llamó,
la criada le responde
y el niño miró con fe,
quiero hablar al señor juez.
Yo quiero que sepa usía
exijo de igual pasar,
que el crimen del otro día
que tanto dio que hablar.
Yo vi, señor juez, cogerla
yo vi, señor juez, tirarla,
la vi defenderse a ella
y la vi, señor juez, matarla.
Por el barranco rodar la vi
y el rostro me tapé,
como el crimen llegar
y cubrirla con un saco.
¿Y tú sabes, dijo el juez,
dónde se pueden encontrar?
Señor juez, se pueden ver
dentro de una cueva están.
Sobre el sitio señalado
dieron con los criminales,
y fuertemente atados
fueron estos criminales.
Los amarran con cadenas
y los llevan a la cárcel,
los pasan por una finca
donde no les ve nadie.
No es broma lo que se canta, se dice y se refiere,
pues todo el que a hierro mata
ya sabe que a hierro muere.

Cantos religiosos

Al igual que los romances, los cantos religiosos son los géneros más difundidos y conservados de la comarca. Por su situación geográfica, Liébana supuso una reserva ideal para la Iglesia, fuera del alcance de herejes e invasiones, siendo desde muy pronto, uno de los centros monásticos más importantes y conocidos en Europa.

Cabe apuntar que actualmente existen diferentes tradiciones relacionadas con acontecimientos religiosos, como son: el Ramo, el Responsorio, el Viacrucis de Viernes Santo, los Mandamientos, el Rosario de la Buena Muerte, etc.

Cantos religiosos del valle de Bedoya

En Liébana, el Viacrucis del Viernes Santo actualmente solo se realiza el de Bedoya, que se hace entre los pueblos de Esanos y San Pedro, en el valle de Bedoya. Sale la procesión en la ermita de Nuestra Señora de los Ángeles hasta concluir su caminar en la iglesia de San Pedro Apóstol de dicho valle.

Los cantos religiosos recogidos denotan antigüedad. Se analizan las melodías al estilo de los antiguos modos griegos, predominando en estos casos el modo frigio, que fue el más importante y característico entre los griegos. Las melodías son monótonas a modo de mantra, para no distraer la atención de la oración. El viacrucis consta de catorce estaciones, en modo frigio. Por su parte, el Rosario de la Buena Muerte se canta el Viernes Santo al anochecer.

Melodía. El responsorio, San Pedro de Bedoya

Antonio divino y santo,
rogarás al Dios inmenso
que por tu gracia divina
al hombre se le dio entendimiento,
para que mil leguas
refiera en milagro,
al cuerpo arrastra
la edad de ocho años.
Desde niño fui criado
con mucho temor de Dios,
de sus padres estimado
y del mundo admiración,
fue caritativo y perseguidor
de todo enemigo
con mucho rigor.
Su padre era caballero
virtuoso, sabio y prudente,
que mantenía su casa
con sudor de su frente,
él tenía un huerto
donde recogía
cosechas y frutas,
que el tiempo traía.
Se marchó su padre a misa
como siempre acostumbrado,
de verlo todos los días
cosa que nunca olvidaba.
Ven acá, Antoñito,
ven acá, hijo amado,
escucha que tengo
que darte un recado.
Mientras estoy en la iglesia
gran cuidado has de tener,
mira que los pajaritos
todo lo echan a perder,
entran en el huerto
comen el sembrado,
por eso te encargo
que tengas cuidado.
De que se ausentó el padre
a la iglesia se marchó.
Antonio quedó cuidando
y a los pajaritos llamó.
Venid, pajaritos,
no entréis en el sembrado,
que mi padre ha dicho
que tenga cuidado.
Para que yo mejor pueda
cumplir con mi obligación,
voy a encerraros a todos
dentro de una habitación.
Antonio contento en su cuarto estaba
y los pajaritos alegres cantaban,
vino su padre de misa
luego les mandó callar,
llega su padre a la puerta
y comienza a preguntar:
¿Qué tal, Antoñito?,
¿Qué tal, hijo amado?,
¿has cuidado bien de los pajaritos?
Antonio le contestó:
padre, no tenga cuidado,
que para que no hagan mal
los tengo a todos encerrados.
El padre que ve
milagro tan grande profecía
al señor obispo
trató de avisarle.
Ya viene el señor obispo
con mucho acompañamiento,
quedaron todos confusos
al ver tan grande.
Abrieron ventanas,
puertas a la par,
por ver si las aves
querían marchar.
Antonio les cantaba,
por eso nadie se agravie,
que los pájaros no salen
antes que yo les mande.
Se puso en la puerta
y les dijo así:
Vaya, pajaritos,
ya podéis salir,
salgan palomas con orden
águilas, grullas y grajos,
gavilanes y mochuelos
gallos, buitres y avutardas,
salgan las urracas,
tórtolas, perdices,
con las avutardas
y las perdices.
Después que salieron fuera
todas juntas esperaron
a escuchar a San Antonio
para ver qué les mandaba.
Antonio les dice:
no entréis en el sembrado,
iros por los montes
riscos y collados,
Al tiempo de levantar vuelo,
contar con alegría,
despídanse de Antonio y toda su compañía.

Melodía. Viacrucis de Bedoya

Melodía del Viacrucis de Bedoya

Viacrucis de Bedoya

El hijo del eterno
de espinas coronado
a muerte condenado
cual pérfido traidor
y yo con nuevas culpas
con nefastos delitos
pedí la muerte a gritos
Dios mi salvador
pedí la muerte a gritos
Dios mi salvador

1. Perdona Jesús mío,
perdona mis pecados,
con el renovado
ingrato tu pasión,
con el renovado
ingrato tu pasión.

2. Por misa luce el cuello,
el santo leño inclina
de la muerte camina,
cual cordero de Dios,
no más ya caminemos
por el sendero del vicio,
Dios en el servicio
vamos Cristo en pos.

3. Bajo la cruz pesada
que el mundo sostiene,
rendido por tierra viene
por levantarme a mí,
y el vicio sumergido
no tenderé la mano,
pecado y más pecado,
pues seguiré ultrajando
su infinita verdad,
a mi rey soberano
su amor pagaré así.

4. Con la cruz abrumado
entre canallas injurias,
encontrole María
y dobla su aflicción,
yo pensado le puse
en el mar de amarguras,
y un puñal, Virgen pura,
clavé en su corazón.

5. Buscándole el cirineo
por verle sin aliento,
ansiando que en tormento
en la cruz muera por fin,
Jesús mío te pido
a la cruz amor fuerte,
y te siga la muerte
este pecador ruin.

6. Limpia de Cristo el rostro
la mujer compasiva,
y Dios su imagen viva
en el lienzo dejó,
imprímela en mi alma,
Jesús puesto retrato
en este pecho ingrato
mi culpa destruyó.

7. Hoy ¡oh Rey de los cielos!
Miro otra vez caído,
con el paso oprimido
de vivo loca maldad,
yo estimado alego
pecado y más pecado
pues seguiré ultrajando
su infinita verdad.

8. Dice Jesús: mujeres, no lloréis
mis pesares con lágrimas,
amores, llorad al pecador
y río de mis pecados,
busco otro camino
para el reino divino,
el llanto y el dolor.

9. Tercera vez al frente
la cruz derriba en tierra,
cuanta malicia encierra
mi negra ingratitud,
Jesús, yo mis caídas
repito con las tuyas,
y malgasto los días
de perdón y de salud.

10. Alce la tierra
y el cielo se viste hermosura,
desnuda chusma impura
tan amarga hiel,
esa hiel es el fruto
de mis torpes maldades,
Jesús, que en tus bondades
de hoy más no sea infiel.

11. Descoyuntado el cuerpo
ahí clavan los sayones,
en cruz y entre ladrones
a Cristo mi señor,
yo pecador me atrevo
ante esa cruz bien mío,
para mi pecho limpio
con clavos de dolor.

12. El sol su luz esconde
tiembla el orbe y suspira,
al ver que un Dios expira
clavado en la cruz,
y yo como no muero de pena
y de quebranto cuando comamos,
tanto muere por mí, Jesús.

13. En brazos de María,
el cadáver sangriento,
pone para tormento
de un pecho maternal,
perdóname, señora,
que fui yo el asesino,
dame que de continuo
llore yo tanto mal.

14. Urgido con aromas
a mi Jesús sepultan,
y a María ahí ocultan
la prenda de su amor,
cuánto sufriste, madre,
por guardarnos el alma,
por ti la eterna alma
también nos dé el señor.

Rosario de la Buena Muerte, Trillayo

Rosario de la Buena Muerte. Trillayo

Melodía

Melodía del Rosario de la Buena Muerte

El Rosario de la Buena Muerte forma parte de la tradición oral que se sigue cantando en Trillayo en la Semana Santa, en la media tarde del viernes. El desarrollo tiene lugar al entonar el coro de hombres la primera parte de la estrofa, que es seguida con la entonación de la segunda parte de la estrofa por el coro de mujeres, que repiten un mismo estribillo durante los misterios, hasta dar paso a las letanías a la Virgen María.

1º Misterio.
Por la jornada que hiciste
Del cielo al mundo a salvarnos
Danos Señor buena muerte
Por tu santísima muerte.

Por la humildad y pobreza
con que naciste en Belén,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la sangre que vertiste
cuando te circuncidaron,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por el dulcísimo nombre,
de Jesús que te pusieron,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la humildad con que fuiste
en el templo presentado,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la abstinencia y ayuno
que en el destierro guardaste,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por el celo de las almas
con que andabas predicando,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la muy solemne entrada
que hiciste en Jerusalén,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la cena del cordero
que en el jueves celebraste,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la libertad que fuiste,
en darnos tu cuerpo y sangre,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

María madre de gracia,
madre de misericordia,
Líbranos del enemigo
hasta la última hora.

2º Por la oración que en el huerto
hiciste a tu eterno padre,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por el gran sudor de sangre
que en el cuerpo padeciste,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la gran mansedumbre
que dejaste prenderte,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la crueldad con que fuiste
por los verdugos atado,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por el tropel con el que fuiste
llevando ante Anás,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la burla y vilipendio
a Caifás te llevaron,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la cruel bofetada
que de un sayón recibiste,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por las injurias y ofrendas
que en tu presencia te hicieron,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la aflicción con que fuiste
presentado a Pilatos,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por los falsos testimonios
que contra ti levantaron,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

María madre de gracia,
madre de misericordia,
Líbranos del enemigo
hasta la última hora.

3º Por lo ultrajado que fuiste
en la presencia de Herodes,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por los desprecios que oíste
de este rey y sus privados,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la ignorancia y desprecios
con que volviste a Pilatos,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por lo que en esta ida y vuelta
te ultrajaron los soldados,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la burla y vendamiento
de tus ojos soberanos,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por los cinco mil azotes
que en la columna te dieron,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por el dolor que sentiste
al coronarte de espinas,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.
Por los desprecios que oíste
siendo sacado al balcón,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la sentencia de muerte
que dio contra ti Pilatos,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la inferior alegría
con que la cruz recibiste,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

María madre de gracia,
madre de misericordia,
Líbranos del enemigo
hasta la última hora.

4º Por la fatiga y congoja
que en la cruz padeciste,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por las caídas que distes
hasta llegar al calvario,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la venganza y el dolor
que sentiste al desnudarte,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por el terrible tormento
que tuviste al enclavarte,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por el dolor que sentiste
al poner la cruz en alto,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la sed que padeciste
en tu boca soberana,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la amargura que en ella
dejó la hiel y el vinagre,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por el perdón que pediste
para todos tus contrarios,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la promesa que hiciste
del paraíso a la gloria
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la aflicción y congoja
que al respirar padeciste,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

María madre de gracia,
madre de misericordia,
Líbranos del enemigo
hasta la última hora.

5º Por la llaga que te dieron
en tu pecho sacrosanto,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por aquella sangre y agua
que por ella derramaste,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por las penas y amarguras
de tu Santísima Madre,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por el dolor que sintió
al ver darle sepultura,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por tu muerte y sepultura
y tu Santa Resurrección,
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

Por la gloria que posees,
A la vista de tu madre
Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.

María madre de gracia,
madre de misericordia,
Líbranos del enemigo
hasta la última hora.

Publicado en febrero de 2026

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