
Que Bedoya
fue, y es, una tierra de grandes cazadores no lo duda nadie.
En cualquier relato entendido en la materia siempre aparecen
en lugar destacado los cazadores del valle junto a los de
otros dos pueblos lebaniegos: Lamedo y Buyezo. Y es que
en las estribaciones de Peña Sagra el oso siempre
tuvo su aposento natural y no hace aún muchos años
su presencia era significativa.
Para hacerse
una idea, basta decir que en el año 1.875 narraba
un cazador del valle que ese año "había
mucha grana de bellota y por tanto muchos osos, pero que
no se mataron NADA MAS QUE DOS". Cifra que en aquella
época les parecía ridícula y hoy nos
lleva a recapacitar y añorar tiempos mejores.
Este
cazador no era otro que Jorge de las Cuevas Gómez (Esanos,
1.834-1.930), más conocido como el "tíu
Jorge", quizá el cazador más relevante
del valle; se comenta de él que pudo matar hasta una
docena de osos, aunque también corrió sus riesgos:
En cierta
ocasión, en las estribaciones de Peña Sagra,
cerca de la ermita de la Virgen de la Luz, el tíu Jorge
se dio de bruces con un oso herido y antes de poder hacer
uso del arma ya le tenía encima; milagrosamente acudió
su perro que se abalanzó sobre el oso y en el forcejeo
entre el oso y perro pudo escapar el cazador; pero desde aquel
instante el tíu Jorge pesaba un kilo menos debido a
que las zarpas del oso se lo habían arrebatado de sus
nalgas. La cacería terminó con un herido: el
cazador y con dos muertos: el oso y el perro. A los tres juntos
y en el mismo carretón los bajaron posteriormente al
pueblo de Aniezo.
En el año
1.905, en el mes de Septiembre, tuvo Bedoya la dicha de ser
visitada por el Rey Alfonso XIII; tenía entonces 19
años. La visita no era otra que asistir a una cacería
de osos. Por encima de Llandelestal fue donde se apostó
tan insigne huésped y ese día no hubo mucha
suerte ya que no se abatió ninguna pieza.
Hoy
día, el oso
ya apenas nos visita, solamente en esporádicas
ocasiones y los cazadores tienen que dirigir sus armas hacia
otros animales que sí abundan: concretamente los jabalíes.
En los últimos
años hemos asistido a una explosión demográfica
del jabalí muy importante: este incremento de la población
parece relacionarse con el abandono del campo por parte de
la población rural; a esto hay que añadir la
extraordinaria tasa reproductiva y la escasez de depredadores
naturales.
De ésta
manera, y aunque es de costumbres nocturnas, no es difícil
toparse con manadas de hembras con sus crías por los
montes solitarios lebaniegos. La gran variedad de la flora
les permite alimentarse sin tener que recurrir a desplazamientos
largos; las castañas, cerezas, nueces, manzanas, bellotas,
hayuco, maíz, viñedos, raíces, huevos,
etc, así como la frondosidad y espesura de los bosques,
hacen que las concentraciones de este animal en nuestras tierras
sean importantes.
Bedoya,
como toda la comarca lebaniega, está dentro del territorio
que abarca la Reserva Nacional de Caza del Saja; y como el
apego a la caza es muy grande, en la actualidad existen en
el valle dos cuadrillas que aplican todos sus esfuerzos en
dar buena cuenta del jabalí en las monterías
que previamente se les asignan.
Dichas cuadrillas
utilizan los números 31 y 103, pero en el valle se
les denomina “viejos” los primeros y “jóvenes”
los segundos, ateniéndose a las edades de sus componentes.
Aunque la
piquilla entre ellos, por ver quien hace más dianas,
es crecida, no por eso dejan de juntarse y unirse en los preparativos
de la jornada de caza, hablando del terreno del coto, de la
meteorología que les espera, de dónde se deben
de apostar los tiros, por dónde deben de entrar los
perros y haciendo especulaciones sobre lo que encontrarán
al día siguiente. Es decir, que el día anterior
ya viven la jornada de caza; se nota en el pueblo que el ajetreo
de cazadores, perros y cocineras preparando las meriendas
ya barruntan una jornada llena de inquietud y a la vez de
esperanza. Estas prácticas hacen que vivan la cacería
con anticipación y para muchos resulta tan emocionante
como la misma jornada de caza.
Al final de
dicha jornada, ya con las piezas a buen recaudo, se juntan
en Esanos, donde disponen de un amplio local que ellos mismos
prepararon y regentan, a comentar y revivir todos los lances
del día, con las anécdotas oportunas, que siempre
suelen ser abundantes, degustando todos juntos los ágapes
oportunos regados con el buen vino de la tierra.
Aunque
el jabalí es el más representativo de la caza
existente en el valle, también existen otras especies
de animales salvajes que nos escoltan, destacando el corzo,
que en los últimos años vio incrementada su
población de una manera destacada, llegando incluso
a afincarse ya muy cerca de los poblados.
Y siguiendo
con la fauna, vamos a nombrar también a los venados,
otro de los animales que hace aún pocos años
eran casi unos desconocidos por estas lides y en la actualidad
proliferan.
Lobos, rebecos,
zorros, liebres, perdices, son también “piezas”
que se pueden encontrar por cualquier lugar del valle, aunque
algunas especies, como las liebres y perdices, se hallan en
una profunda regresión, debido principalmente a que
apenas existen sembrados de cereales y al aumento significativo
de los depredadores, como zorros y jabalíes, que acaban
con ellas. |